20/04/202 — Te amo tanto. Te necesito tanto. No quiero que me vuelvas a hacer falta jamás. No sé cómo podrían sonar estas palabras, pero basta con que sean reales, por aquí te digo... Vivo con el recuerdo cosntate de como no hemos lastimado. Tanto tú a mí como yo a ti. No es un reclamo, es un recuento. Iniciamos de mala gana. Sin querer aceptarlo ni querer vivirlo. Fue un cambio tan lento como un tráiler tratando de girar reversa. Un cambio que a los dos nos abrumaba, que a mí me lastimaba y a ti te encerraba en tu mente un poquito más cada día. Así por hasta 60 días. Días que pudieron ser especiales, se convirtieron en una hazaña de vivir. No es queja, es hacer memoria. Días en los que me torturaba la situación que me hacías vivir. Días tan incómodos como pasar a exponer sin estar preparado. Noches tan agobiantes como el árido aire en un día sofocante, sin sol ni sombra. Palabras que herían más que ser arrollado por un bulldozer. Sentimientos que se escondía más que un caracol cuando sabe que lo quiere desprender de su caparazón. Recuerdo, un primer beso tuyo. Y también recuerdo los que creí que serían el último. Que cuando hacía esfuerzo por no olvidar, se iba borrando de a poco dentro de mi corazón. Y si bien, actualmente no nos encontramos así. No hoy. Pero ese dolor que por tanto tiempo he arrastrado, se sigue haciendo presente. Es un recuerdo más vivo que yo. Que duele más que yo. Un recuerdo que sin él, no estaríamos aquí. Es de esas cosas que agradeces después de sufrirlas, porque entiendes que te trajeron a dónde estás hoy. Ese recuerdo es la constancia de que aquello que vive más es lo que sientes que te va a matar. Que el que persevera; alcanza. Por otra parte: Yo. Quien sin quererlo también te hice daño. La diferencia entre esos errores es que mi percepción de ti no cambió. La tuya de mí; sí. ¿Y qué más quisiera que eso no hubiese pasado? Siento ganas de llorar incluso ahora, sentada, fingiendo tomar apuntes de mi clase de bienes y derechos reales; Desearía jamás haberte lastimado ni que gracias a eso, a veces sienta que te tomas tus reservas conmigo. Siento la incomodidad cuando dices que soy un secreto con los de tu entorno, la incomodidad de hablas de como fueron aquellos dos años anteriores en nuestra relación. Siento incluso, que me he devaluado ante ti, pero no tú ante mí. Y eso es lo que me duele. Lo que hace que quiera llorar, el daño que no podemos arreglar y que debemos pasarle por encima, porque con pretensiones o no, sé qué nos amamos. Sé que nos deseamos. Yo al menos, lo digo con seguridad. Porque yo no te amé diferente después de lo sucedido. Lo que hace que quiera llorar es también, la manera tan sincera en la que me has dicho que estuve muerta para ti. Que tuviste que alterar mi existencia de esta realidad para encontrar paz, y sé qué no me crees, pero esos tres meses fueron tan horribles para mí como lo fueron para ti. Tres meses que con todas mis fuerzas deseo que jamás se repitan, que jamás existan. Tres meses enteros que desearía borrar. Tres meses llenos de disculpas, lágrimas y arrepentimiento enterrado en mí, que no es difícil de encontrar dentro de mí. Y lo odio. Me atrevo a decir que ahora somos personas completamente diferentes a las que fuimos ese diecinueve de marzo del dos mil veinticuatro. Ya han pasado dos de esos. Y hemos cambiado. Tanto estando juntos como estando separados, y no quiero que estemos separados de nuevo. Y te lo he dicho y te lo he hecho saber. Y planeo sostener ese deseo. Lo que sí quiero, es que sigamos creciendo juntos. Cambiando. Amándonos, pero juntos. Primordialmente juntos. Sé qué ambos tenemos estrés, deudas, preocupaciones y demás, pero aún no te he dicho lo suficiente cuanto odio que creas que esa en la solución. Que me hace sentir desplazada. Y de nuevo, devaluada. Y odio sentirme así, porque a diferencia de eso, tú sigues siendo enteramente todo para mí. La única persona que de verdad he amado y lo que genuinamente he soñado. Aquella persona que no importa qué pase ni cuando, siempre será TODO para mí. Espero yo serlo para ti. — Te ama Evelyn